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La investigación
No se trataba de no aceptar un no
como respuesta. ¡Pero eran tantos!. No
podía rendirme, no va con mi carácter, así que inicie
una investigación a
fondo. ¿Qué ocultas fuerzas separaban dos almas gemelas
que el ciberespacio
había unido?
En busca de respuestas recorrí los mas intrincados senderos de
la red,
atravesé sus más recónditos espacios, los más
tenebrosos y los menos
recomendables. No encontré ninguna explicación.
Así es que, al final, decidí remontar hasta la fuente, llamando
al
todo-poderoso.
- ¿Dónde esta Billy?, pregunté.
- En la portada, arriba,al lado de la gorda con el flotador, - me
indicó con cierta condescendencia, alguien al otro lado del teléfono
-.
Era evidente que allí, en el país de los bits, el paso de
los años no
había barnizado de sensatez a aquella pandilla de ludópatas.
- He preguntado por Billy, y no dónde esta Willy. ¿Donde
está el
"Boss"?, le dije, cargando de paciencia un tono reconciliador.
- En uno de sus discos iba por las calles de Filadelfia - me respondió
con un evidente cachondeo que coreaban otros con indisimuladas carcajadas.
- Mira, capullo, - le respondí perdiendo las formas - te voy a
encolomar
un virusazo que vas a estar un mes supurando Gnu. ¡Te lo juro por
el
pingüino Linux!.
Citar el nombre de la bestia tuvo un efecto radical. Después de
unos
balbuceos y un rato se silencio se puso Billy al aparato.
- ¡Joder, Brumario, que poco aguante tienes!. ¿En que puedo
ayudarte?
- Billy, tio, lo siento pero necesito el código fuente.
- ¡Hostia, Brumario! ¿Es tan grave? Ya sabes que te presto
el rancho,
mi mujer, lo que me pidas, ...pero ¡el código fuente!
Entonces le conté mi historia: Como nos conocimos en una sala,
como
desplegó todos sus encantos para que la siguiera a otra más
privada, y de
cómo allí, rodeada de sus amigas del club de las primeras
damas, comenzó a
desdeñarme,
Hay que reconocer que Billy se portó. Enseguida puso en venta los
derechos
del Windows 98 para financiar la costosa operación, puso en marcha
el
programa secreto Asshole para montar en cadena los ordenadores que trabajan
para la CIA y la NASA, y me ofreció la respuesta en unos minutos:
- Brumario, creo que tengo la explicación que buscabas. Aunque
no sé
si te va a gustar.
Aún no sé qué pensar. Los resultados del estudio
no dejaban la menor
duda. Compartimos el 99.9 por ciento del código cibergenético.
Lo nuestro es
imposible. ¡Somos hermanos!
Llevo tres días y tres noches leyendo todo lo que ha encontrado
Google
sobre el incesto.
Brumario, diciembre de 2003
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